Programación

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Caraqueña dejará huella en la Luna.


Por mucha ciencia ficción que parezca, esta historia es muy real. La de una venezolana que trabaja en una de las misiones más importantes de la NASA en este siglo: el regreso de la humanidad a la Luna y la futura expedición a Marte. Nathalie Quintero es parte de la nueva generación de exploradores del espacio y será testigo, desde la primera fila del programa Artemis, de los preparativos para llevar en un futuro muy cercano a la primera mujer a pisar donde ningún ser humano ha estado antes: el Polo Sur de la Luna


Nathalie Quintero

De niña, en Venezuela, le encantaban los aviones, y de grande ya quería trabajar para las grandes compañías de aeronáutica.

Pero una investigación para Virgin Galactic y un proyecto de microgravedad en el Centro Espacial Johnson, en Estados Unidos, fueron “las señales” que la acercaron a la carrera y la industria donde ejerce actualmente: la ingeniería aeroespacial.

Su madre, una ingeniera industrial oriunda de El Salvador, y su padre, un piloto naval venezolano retirado, fueron testigos (por televisión) del alunizaje del Apolo 11 en 1969 y siempre la alentaron en el estudio de las ciencias.

Y ese empuje dio resultados. Ahora Nathalie Quintero trabaja en el proyecto Space Launch System (SLS) de la NASA, el cohete más grande cuya misión es regresar a la Luna e ir a Marte.

A sus 28 años, ella es la huella venezolana del programa Artemis, que pretende llevar a la primera mujer a pisar nuestro satélite y mucho más allá, contribuyendo en la nueva era de los vuelos espaciales.

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Un vision board a la Luna

Nathalie nació el 8 de diciembre de 1993 en Caracas, Venezuela. Allí creció entre dos pasiones: los aviones y la ingeniería. Pero pronto descubrió la opción de carrera que iba con ella, al buscar oportunidades luego de culminar su bachillerato en el Colegio Las Cumbres.

—Cuando yo era chiquita, me gustaban los aviones, no les tenía miedo, y además tenía la influencia de mi papá que era piloto. Eso de cierta manera me llevó a la carrera que estudié. Y cuando llegué de Venezuela a Estados Unidos, lo más familiarizado con lo que yo estaba era la industria de los aviones —recuerda Nathalie.

En 2011 llegó a la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, un campus residencial en Daytona, Florida, importante en carreras de artes, ciencias, aviación, negocios e ingeniería relacionados con la industria aeronáutica.

Antes de egresar de la institución estadounidense, tuvo la oportunidad de hacer pasantías en The Boeing Company, una de las compañías más importantes de la industria aeronáutica y una de las aliadas de la NASA en el programa Artemis.

—En el 2011, la compañía donde trabajo (Boeing) era reconocida en la aeronáutica y los compañeros de estudio deseaban, igual que yo, trabajar para estas grandes empresas que hacen los aviones. Pero recuerdo que mi primer acercamiento a la parte espacial fue en ese año, cuando me tocó hacer una investigación sobre lo que era Virgin Galactic. Me acuerdo de que fue mi primera vez investigando sobre eso, un avión que a la vez era una nave espacial a la que iban a implementar una tecnología llamada “feathered flight”, o un vuelo de pluma, que se lanza como un cohete y va aterrizando poco a poco, como si fuera una pluma que cae por la fuerza de gravedad.

Así fue como pasó de la aeronáutica a lo aeroespacial.

Después de eso, Nathalie estuvo involucrada en un proyecto de investigación sobre la microgravedad, entre la Universidad Embry-Riddle y la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, para entender los efectos de las largas estancias espaciales en la córnea humana por medio del “Vomit Comet”, un avión de microgravedad simulada del Johnson Space Center de la NASA.

—El avión sube y baja en varias parábolas. Básicamente, en cada parábola que sube y cuando va en picada, ahí es donde la gente se eleva y por unos 18 segundos en cada parábola, tú sientes que está flotando. Yo sentí como si estuviera en una piscina, pero no hay agua a tu alrededor. Y eso me despertó una emoción por lo que estaba estudiando, y más aún por la industria del espacio.

En 2015, Nathalie obtuvo su licenciatura en Ingeniería aeroespacial de la Embry-Riddle y, en 2019, una maestría en Ingeniería de sistemas de la Universidad de Cornell.

Gracias al networking, en 2016 su perfil llegó a las manos indicadas y, luego de las pasantías, comenzó a trabajar oficialmente a tiempo completo como ingeniera de sistemas en The Boeing Company, para el proyecto SLS de la NASA.

—¿Y cómo es que llegas al Kennedy Space Center a trabajar en el cohete que irá a la Luna?

—Estoy en el proyecto desde 2015, que hice pasantías. Antes de unirme al SLS, busqué varias oportunidades porque quería trabajar en un proyecto relacionado con el espacio y en un clima más caliente, pero no había tantas oportunidades disponibles al momento. Seguí insistiendo, hasta que por fin me entrevistaron y me dieron la oferta: “¿Quieres hacer pasantías en el Kennedy Space Center?” y yo dije: “¡Claro que sí!”. Tengo diez años en Florida desde que migré de Venezuela para acá y es lo más parecido a lo que sería el calor de uno en el Caribe. Kennedy Space Center es uno de los centros de la NASA más grandes, primero; y, segundo, es de los más históricos, porque ahí es donde se han lanzado todas las misiones a la Luna.

Aunque todo se fue armando como un rompecabezas, pieza por pieza, la NASA siempre estuvo en el horizonte de Nathalie: tenía un vision board de dónde quería llegar y allí estaba el nombre de la agencia estadounidense y el de Boeing.

—Lo fui visualizando. Recuerdo que tenía en mi vision board, mucho antes de ingresar, a NASA y Boeing. Es muy loco cuando miras al pasado y dices: “bueno, todo lo que está ahí lo he cumplido”. Me dijeron que era un proyecto en el Kennedy Space Center y yo dije que sí sin pensarlo, siendo estudiante.

Artemis, con nombre y huellas de mujer

En la mitología griega, Artemis (o Artemisa, en español) es la hermana gemela de Apolo y la diosa de la Luna, la caza y los animales salvajes.

Para la NASA, ella personifica el regreso al satélite terrestre junto a “una nueva ola” de cargas científicas y demostraciones de tecnología en la superficie lunar, lo que significa la continuación del programa Apolo, que logró su primer alunizaje el 20 de julio de 1969.

Pero Artemis tiene dos objetivos muy ambiciosos, en comparación con Apolo: llevar a la primera mujer a pisar la Luna y, al mismo tiempo, pisar donde ningún ser humano ha estado antes: el Polo Sur de la Luna.

El siguiente paso de Artemis será usar lo aprendido en la Luna para dar “el próximo gran salto”: enviar los primeros astronautas al planeta Marte, una meta que tiene la NASA junto a socios comerciales e internacionales para establecer la presencia humano-robótica en el espacio.

¿Cómo llegarán a la Luna otra vez? Con el cohete Space Launch System (SLS), el mismo donde trabaja Nathalie y que llevará consigo la cápsula de Orión con los futuros exploradores a bordo.

Sin embargo, antes de un nuevo alunizaje, habrá dos misiones alrededor de la Luna para probar los sistemas de exploración del espacio profundo: Artemis I será el primer vuelo sin tripulación para probar el funcionamiento del SLS junto a Orión; Artemis II, la primera prueba de vuelo del SLS y Orión con tripulación antes de Artemis III, pisar suelo lunar.


Fuente: HISTORIAS QUE LATEN

https://www.historiasquelaten.com/nathalie-quintero-de-venezuela-a-la-luna/

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